Honesty, No judgment, Consciousness, Action: los 4 pilares para entender cómo funciona el coaching.

En este artículo de hace unos días he intentado describir los fundamentos de lo que es y no es el coaching.

Aquí os voy a ofrecer un par de pinceladas más sobre cómo funciona.

El coaching (cuando no es coaching de equipo) es una relación entre dos personas, donde un profesional ayuda a un cliente a encontrar y alcanzar un objetivo.

Me encantaría decir que los coaches somos como el genio de la lámpara de Aladino, que ayudan a realizar los sueños de las personas, si no fuera por un detalle fundamental:

los logros dependen de la voluntad del cliente.

Me he encontrado en estos días con clientes potenciales que me han desafiado a hacerles ver qué tan poderoso es el coaching por sí mismo.

En este caso, no malgastéis vuestro tiempo: la precondición del coaching reside en la voluntad del cliente y en su honestidad a la hora de recibir apoyo.

No somos magos.

Un coach es – a menudo – alguien que te lleva a ver cosas que no quieres ver para que puedas convertirte en esa persona que siempre has sabido que puedes ser.

El coaching no es para todos: entre los rasgos principales de la gente que podría sacar más provecho del coaching se encuentran la honestidad, la humildad, la disposición a perseverar y a trabajar con ahínco y apertura constante al aprendizaje.

Si consigues tener esta actitud, el coach te llevará a perseguir cualquier objetivo.

Según la International Coach Federation “el coaching profesional se fundamenta en una asociación con clientes en un proceso de acompañamiento reflexivo y creativo que les inspira a maximizar su potencial personal y profesional”.   

Un proceso reflexivo y creativo que pone el cliente en el centro.

Y llegamos al segundo punto: el coaching es un proceso por el cual el cliente tiene el timón y se sigue su agenda.

Y si no tienes el timón aún, el Coach te llevará a encontrarlo y tenerlo en tus manos.

Un Coach nunca te va a decir lo que tienes que hacer.

Un Coach no juzga tus sistemas de valores, prioridades u objetivos.

Un coach tiene que llevarte a tu meta a través de un trabajo de investigación y preguntas para entender cuáles son tus verdaderas dificultades y cómo superarlas.

Y ¿como lo hace?

El primer objetivo del coaching es el ayudar al cliente a tomar consciencia de sus mecanismos mentales, bloqueos o filtros.

Si eres capaz de entender cómo funciona tu propio “autopiloto”, como reaccionas a los factores de estrés o a las solicitaciones de la vida, podrás vivir intencionalmente y decidir cómo mostrarte al mundo.

Como comentaba en este otro artículo, nuestra personalidad puede que sea una jaula que otras personas o circunstancias, han construido sobre nosotros.

Lo que somos depende de los estímulos y la educación que recibimos o no, de los encuentros que hacemos o no en nuestras vidas y de muchas otras cosas más o menos aleatorias, hasta llegar trivialmente al patrimonio genético de cada uno de nosotros.

Sin embargo, nuestra actitud no es heredada.

Es algo que podemos trabajar y cambiar.

Y saliendo de nuestra zona de confort y cambiando nuestros comportamientos y hábitos, a lo mejor, un día nos despertaremos descubriendo que ya no somos la misma persona.

Con lo cual llegamos al último punto de esta primera (y aún superficial) descripción del coaching: la acción.

Todo este trabajo no está finalizado en un mayor conocimiento de nosotros mismos por sí solo.

La piedra angular del coaching es el objetivo del cliente.

El Coach posee las herramientas para convertir tu desorden en un plan de acción escalable y fácil de ejecutar, motivándote a través de pequeñas mejoras parciales e incrementales y generando confianza y energía mientras vas superando los obstáculos en el camino.

Quién me conoce bien, sabe que soy un apasionado de fútbol y del club Atlético Madrid.

El lema de su entrenador es “ladrillo a ladrillo” o como dicen los americanos “step by step”.

El plan de acción se ejecuta de esta manera – ladrillo a ladrillo – mirando cada día si estamos cumpliendo con el paso correcto hacia el objetivo y revisando de vez en cuando los resultados para optimizar la estrategia.

Como los escaladores bien saben, si estás escalando no mires nunca lo que te falta para llegar a la cima, ni mires abajo.

Céntrate en tu próximo paso y mete el pie en el mejor punto para seguir subiendo.

No hay pasado ni futuro, solo el momento presente.

Un día llegarás al pico y te olvidarás de lo difícil que ha sido el camino.

Solo serás inmensamente feliz.

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