Tres evidencias de los recientes descubrimientos en el campo de la  neurociencia para vuestro bienestar cotidiano (a través del coaching).

Empecé la Universidad a finales del año 1990. 

En aquel año, Nelson Mandela salía de prisión, Mark Zuckerberg cumplía 6 años y según la neurociencia mi cerebro estaba llegando a su máximo desarrollo.

Hoy sabemos que no es así.

El cerebro no para de cambiar y adaptarse a lo largo de toda nuestra vida, como resultado de la conducta y la experiencia, y nadie contesta al concepto de neuroplasticidad.

¿Qué significa esto para nosotros?

Significa que nuestro cerebro – al igual que nuestros músculos – se puede entrenar y desarrollarse a cualquier edad.

Solo hace falta un requisito: una mentalidad de crecimiento.

No solo es nuestra mente la que determina nuestras acciones, sino que nuestras acciones (las experiencias que decidimos hacer de forma consciente) pueden cambiar “de forma estructural” nuestro cerebro.

Aquí está la diferencia sustancial entre el coaching y la psicología tradicional: la segunda, generalmente, se centra en los mecanismos de pensamiento y en el pasado mientras el coaching se basa en la actitud y el futuro para provocar un cambio en tu interior.

Es otro enfoque.

El riesgo que hay en la psicología tradicional es que el proceso de investigación sea infinito y no produzca un cambio actitudinal en la persona.

El coaching – sin olvidar el rol de los pensamientos y las emociones – provoca un cambio a través de la acción.

Es un cambio, por así decir, “cuántico” con respeto a las disciplinas tradicionales.

¿Esto qué supone para ti?

Mucho.

¡Aquí te presento tres consecuencias prácticas para las personas!

  1. ¿Cuántas veces has hecho un test de personalidad?

Existen varios, desde los de las revistas de corazón hasta los test más desarrollados de las grandes consultoras en liderazgo.

Te dicen quién eres y cómo potenciar tus puntos fuertes.

Lo que hacen en realidad es ponerte en una jaula e impedirte evolucionar.

El cerebro busca de manera natural esquemas porque suponen atajos.

Pero si piensas que eres A y no B, no investigarás más y te acomodarás en una zona de confort, encontrando coartadas para evitar evolucionar. 

Las nuevas experiencias son efectivas para liberar la imaginación, porque fuerzan al sistema perceptivo a dejar de categorizar.

No es tu personalidad sino tu actitud la que determina el éxito de tus propósitos.

La personalidad quizás sea en parte heredada o esté influenciada por factores que no puedes controlar, no tu actitud.

Ningún destino está escrito.

Tú decides en qué creer y cómo mostrarte al mundo.

¡Puedes elegir en cualquier momento de tu vida!

  1. Cambiamos mucho a lo largo de nuestra vida.

Somos el resultado de nuestras experiencias.

Pero hay algunas experiencias que tienen un efecto mayor.

Lo que vives entre los 0 y 7 años se va a almacenar en una parte muy profunda del cerebro.

En estas edades vivimos como en un estado de hipnosis e incorporamos ideas, dogmas y creencias del entorno.

Estas creencias se convierten en algo que no cuestionamos más y que constituyen nuestro “autopiloto”.

De este modo, cuando nos pasa algo – un factor de estrés o una solicitación externa – reaccionamos siempre con los mismos pensamientos y emociones de forma automática.

Tenemos filtros – que ya no nos pertenecen – con los cuales seguimos interpretando la realidad.

Estos filtros pueden ser pensamientos limitantes, interpretaciones, suposiciones o miedos que pertenecen al pasado.

Sin embargo no somos los filtros, sino la persona que está detrás de ellos.

La primera función del coaching es la de ayudar a la persona a reconocer sus filtros y observarlos.

Si reconoces cuando se activan tus pensamientos limitantes podrás conscientemente reaccionar de una manera diferente.

Tomar las riendas de tu comportamiento.

Incorporando un nuevo hábito contribuirás a producir un cambio incluso en tu estructura cerebral.

Y esto también es parte de los nuevos conocimientos sobre la neuroplasticidad.

  1. Tenemos miles de pensamientos diferentes en pocos segundos.

Es lo que experimentas a diario como la voz en tu mente y que alimenta un eterno de diálogo – no siempre constructivo – contigo mismo.

Es lo que los orientales llaman “la mente de mono” y que los neurocientíficos atribuyen a la evolución del cerebro, ya que esta función juega un papel en ayudarnos a crear un modelo del mundo – y predecir el futuro – basado en eventos pasados. 

En una investigación llevada a cabo en el 2010 se examinaron las consecuencias de esta función cerebral en nuestro bienestar.

Lo que los investigadores concluyeron fue que las personas terminan siendo más infelices si dejan que sus mentes vaguen.

Esta es la razón por la que la psicología tradicional no siempre es la mejor opción para las personas sin patologías que quieren sentirse más realizadas en la vida, felices o alcanzar algún objetivo concreto.

“Don’t feed the beast” (no alimentes la bestia) dicen los norteamericanos y la bestia en este caso es vuestra mente que tiene tendencia a divagar, soñar, pensar en el pasado o en el futuro y no centrarse en el “aquí y ahora”.

Afortunadamente, ese deambular de la mente no siempre está activo.

Hay veces en las que estamos libres de esa voz. 

En concreto, cuando estamos haciendo algo activo. 

Algo que nos encanta hacer.

En esos momentos, nos sentimos nosotros mismos.

Son esos momentos encantados en los que quien queremos ser ha logrado salir a la superficie. 

Es ese día raro en el que el cuerpo, la mente, el ambiente y las relación con quienes nos rodean están completamente satisfechos.

Nos sentimos nosotros mismos porque no somos nuestros pensamientos.

Lo siento mucho señor Descartes, somos mucho más.

Volviendo a la premisa de este artículo puedes entrenar tu bienestar mental a través de prácticas e intervenciones que disciplinen conscientemente la calidad de tu propio pensamiento. 

Esto incluye prácticas como: la meditación, la gratitud, la escritura, tocar un instrumento musical o desarrollar cualquier actividad artística.

Hay que entrenar para ser libres.

De esta manera, nuestro sentido de la realidad opera dentro de la experiencia subjetiva de uno mismo. 

El “entrenamiento” de la mente tiene lugar a través de canales subjetivos, que pueden ayudarse por cualquier cuestión objetiva.

En resumen hay una gran cantidad de elementos que nos rodean que no podemos cambiar.

Se tratan de situaciones objetivas que prescinden de nuestra voluntad.

Pero los últimos avances en neurociencia nos muestran cada día más que podemos cambiar por lo menos a nosotros mismos, para ser más felices, estar presentes en lo que hacemos e interpretar la realidad de manera constructiva. 

¿Os parece poco?

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